domingo, 6 de abril de 2014

Entrega Final Ensayo

HidroAysén, un refresco a la memoria

Hace diez años comenzó el conflicto en el que aún no se encuentran respuestas ni resoluciones. El año 2004 Endesa inició un proceso de actualización y rediseño de oportunidades hidroeléctricas, que tuvo como resultado la creación  del Proyecto Hidroeléctrico Aysén. A partir de este punto, mucho antes del ingreso del proyecto al Servicio de Evaluación de Impacto Medioambiental (SEIA), y por tanto, previo a su evaluación a través  de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), nació la profunda oposición ciudadana a la construcción de esta mega represa, que implica la instalación de 2 mil km de torres de alta tensión, que generarán 2.750MW con 5.910 hectáreas de superficie total de embalse. Tras un largo período de discusión acerca de la procedencia del proyecto, finalmente se están tomando decisiones, ya que el Comité de Ministros de Michelle Bachelet  invalidó la decisión tomada por el Gobierno de Sebastián Piñera respecto a HidroAysén. La anterior administración mantuvo el proyecto en tramitación durante más de dos años, y el último informe presentado tenía -según el actual Ministro de Medio Ambiente- “vicios de ilegalidad”. Por ello, se otorgó un plazo de 60 días para revisar nuevamente los 35 requerimientos presentados por la comunidad y la empresa, respecto al acuerdo establecido el año 2008 en el marco del SEIA. En esta coyuntura de revaluación del proyecto, me parece importante recalcar porqué HidroAysén es un proyecto energético perjudicial para Chile.

El gran problema que presenta este proyecto es la forma en que se pretende trasladar la energía hacia Santiago, es decir, la construcción de 2 mil km de torres de alta tensión. La instalación de estas obligará a hacer una tala rasa de 100 hectáreas de bosque  ya que atravesará 8 regiones del país, por lo que aumentará dramáticamente el impacto sobre la naturaleza (sumando el que ya ocurrirá cuando la central funcione). Sumado a lo anterior, la vulnerabilidad de este tendido hace muy riesgosa la transmisión si consideramos las posibles catástrofes naturales que ocurren constantemente en Chile. En efecto, si esto ocurriera, el Sistema Interconectado Central (SIC) disminuiría su capacidad en un 25%, provocando un colapso inmediato y sin aviso al país. Además, el proyecto promueve la centralización de Chile, ya que la demanda energética y, por tanto, todos los mega watts generados irán -en mayor parte- para suministrar a Santiago, en desmedro de las otras regiones.

Por otro lado, este proyecto no es sustentable ni renovable. La construcción de HidroAysén significa energía para ahora, pero no se asegura para el mañana. Estas mega represas tienen un período de vida útil entre 50 y 80 años y traen consigo la instalación de paredes de cemento, que generan el corte de cauces naturales y transforman los ríos en ríos artificiales. El agua finalmente se estanca y cambia su composición química, y los nutrientes y sedimentos que sustentan la vida de las comunidades marinas quedan atrapados. Luego, esta capa de lodo y sedimentos impide operar a la represa, lo que se traduce en una eliminación imposible de los restos, como también la permanencia de las estructuras. Respecto a la sustentabilidad, HidroAysén generará más de 3.500.000 toneladas de carbono por la represa y otros 9.000.000 de toneladas por la línea de transmisión.

Aquellos en favor del proyecto, insisten en que es un inversión limpia que tendrá un menor impacto ambiental que las Energías Renovables no Convencionales (ERNC), como los parques solares, ya que para generar 2.350MW se necesitarían 35.000 hectáreas de desierto (en comparación de las 5.910 hectáreas de HidroAysén), con un total de 102 millones de paneles fotovoltaicos, además de representar un precio muy elevado para el consumidor. Sin embargo,  actualmente existen centrales termo solares, que son las tecnologías modernas para generar electricidad a escala industrial a partir de luz solar, que ocupan menos espacio que HidroAysén para producir la misma energía, con la diferencia de que éstas son limpias y renovables, sumado al hecho de que el desierto de Atacama posee la radiación solar más intensa del mundo. En términos de cifras, con 6.700km (5% del desierto) se obtendría cuatro veces la demanda máxima nacional proyectada por la Comisión Nacional de Energía (CNE) para el 2025 (92GW). En relación a los costos, la Agencia Internacional de Energía Renovable, estima el costo del proyecto a realizar en Atacama entre 120 y 200 USD/MWh, muy cercano al valor de la energía en el SIC, y por bajo del precio que actualmente pagan los consumidores residenciales.


Finalmente, es importante mencionar que este proyecto aún no posee luz verde ni tampoco luz roja, ya que su tramitación finalizará en los próximos dos meses. En este sentido, aquellos que nos posicionamos en contra del proyecto, debemos recordar los motivos de nuestro rechazo y mantener siempre firme la voz de la ciudadanía que ha sido la propulsora de su detención y cuestionamiento. Este proyecto no es renovable ni sustentable, por el contrario, representa un perjuicio para el medio ambiente. No se puede sacrificar la naturaleza a costa de intereses privados, por lo que el gobierno debe aprovechar esta oportunidad para diversificar la matriz energética y privilegiar, por sobre todo, la  generación de energías a largo plazo como las ERNC.

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